Autor: NILTON ROGER MAS ROJAS

Si te lo propones, en este mismo instante puedes empezar a vivir tu “año nuevo” y en consecuencia “una nueva vida”. Eso sólo depende de ti, no de fechas ni de calendarios.
- Aún no has conseguido nada, José. No has sabido vivir hasta ahora ni disfrutaste lo que conseguiste. Pues nada de eso le interesa a mi Padre Dios.
- Él no te preguntará qué modelo de auto usabas…sino a cuántas personas llevaste.
- Mi padre no te preguntará cuántos metros cuadrados tiene tu casa, sino a cuántos brindaste alojamiento en ella.
- Él no te preguntará la marca de la ropa que usas…sino, a cuántos ayudaste a vestirse.
- Mi padre no te preguntará cuánto era tu sueldo. A Él le interesa saber si vendiste tu conciencia para obtenerlo.
- Él no te preguntará cuál era tu título. Te preguntará si lo obtuviste poniendo lo mejor de tus capacidades.
- Mi Padre no te preguntará cuántos amigos tienes… sino cuántos te consideran su amigo.
- A Él no le importa en qué lugar vivías, sino la manera de cómo tratas a tus vecinos.
- Mi Padre no te preguntará el color de tu piel, más bien querrá saber qué tanto te importaba o no el color de la piel de los demás.
- Él no te preguntará por qué tardaste tanto en buscarle…mas bien dirá lo feliz que está de que lo hayas hecho.
- A mi Padre no le interesa cuánto de la Biblia conozcas… le interesa más bien, cuánto de lo qué aprendes lo estás poniendo en práctica.
- Así que, mi pequeño hermano José, tienes aún 10 años más de vida. Despierta y ¡empieza a vivir!
"Entra y toma todo lo que desees, pero ten presente que solo tienes tres minutos. Después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Aprovecha la oportunidad que te doy"
Amigos monjes, soy un hombre con mucha fe. Quiero recibir enseñanzas.
Mira buen hombre, te vas a hacer cargo de barrer todos los días el monasterio. Puedes quedarte aquí tendrás sustento y alojamiento.
Buen honbre, parece que en estos meses has sufrido una gran evolución espiritual. ¿Estás practicando algún método especial?
Hermanos, lo único que hago con mucha lucidez y amor, e barrer el monasterio. Pero cuando lo hago, entiendo que también estoy barriendo de mí los rencores, los engaños, la codicia y el odio. Y cada día soy más feliz.
- Esto, no es lo que le pedí. ¿Qué le pasa?
- Eres un gran tipo, hermano, ¡Qué calidad humana! Yo quise separarme de ti con un río y tu mandaste construir un puente. ¡No lo puedo creer!